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Tittle:
Vimoutiers (Francia). Memorial con un Panzer VI "Tiger I". |
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Modeller:
Albatros Models. Junio 2006 |
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| CÓMO LLEGÓ A SU “TUMBA”
Inicialmente, se creía que el Tigre formaba parte del schwere/Panzer-Abteilung 503 de la Wehrmacht hasta que se descubrió su pertenencia a las Waffen SS. Su último trayecto fue el siguiente: El 19 de agosto de 1944 un grupo heterogéneo de Panzers de diferentes unidades que acababan de escapar de la “Bolsa de Falaise” se dirigían hacia un depósito de combustible situado en los alrededores de Château de l´Horloge. Durante el trayecto que iba desde Vimoutiers a Gacé, varios carros se quedaron sin gasolina. A causa de ello, otros blindados fueron simplemente abandonados. Es probable que ante la realidad de los hechos, muchos tanquistas decidieran acompañar a las tripulaciones que se habían quedado sin combustible con la esperanza de tener más posibilidades de pasar desapercibidos y alcanzar las nuevas líneas alemanas a pie que con sus voluminosos vehículos. Por tanto, en una pequeña sección de carretera de la Route Nationale 179 yacían un Panzer Kampfwagen III, varios Panzer Kampfwagen IV, un Panzer Kampfwagen VI Tiger I Ausf E y otros dos en una bancada ferroviaria cercana. En suma, unos sesenta tanques germanos quedaron abandonados en los alrededores de Vimoutiers durante ese mes, incluido un Tiger II “Königstiger” (Porsche Turm) situado en la estrecha carretera D33, a un par de quilómetros al este de Vimoutiers.
En lo concerniente al vehículo que nos ocupa, su tripulación intentó inutilizarlo colocando cargas de dinamita en la placa motor y alrededor de la torreta. Las explosiones doblaron la placa que cubría su motor Maybach, bloquearon la torreta y provocaron una serie de fisuras por todo el blindaje. Varios días después, un bulldozer americano lo empujó al terraplén de la carretera para dejar libre el camino. Allí donde fue empujado yacerá durante varias decenas de años.
EL RESCATE DE UNA PIEZA DE MUSEO
A mediados de la década de los setenta, casi todos los centros de recolección en donde se habían concentrado los restos de vehículos germanos ya habían sido vendidos y enviados a la chatarra. Tan sólo quedaban dos depósitos en el pequeño pueblo de Trun, sito a unos dieciocho quilómetros al sudeste de Falaise. En 1965 se funda el Museo de Blindados de Saumur y, como es de suponer, su director por aquel entonces (el coronel Michel Aubry) reclamó el contenido de ambos vertederos para recomponer algunos de los famosos Panzers que tenían en sus instalaciones y hacer que volvieran a funcionar. A causa de ello, en 1985 prácticamente la totalidad de los despojos militares que se encontraban en Trun habían sido comprados o requisados.
Por esas fechas, tan sólo quedaba un tanque alemán al completo en la campiña gala. Se trataba de un Tigre I Versión Final semienterrado en uno de los laterales de la Route Nationale 179, a medio camino entre las localidades de Lisieux y Alençon, en plena Normandía (Departamento de Calvados), un lugar muy cercano a Vimoutiers. Será un chatarrero local llamado Morat el que lo adquirió aunque no se molestó en trasladarlo al desguace; únicamente desmontará la caja de cambios para venderla. Durante treinta años esta bestia de metal será centro de recreo para los niños del lugar, al tiempo que el inevitable deterioro iba haciendo mella en él.
Tras fallecer Monsieur Morat, la propiedad del carro de combate pasó a manos de su hija, la cual tardó poco tiempo en venderlo. Su nuevo dueño será una chatarrería de la ciudad de Caen cuyos gerentes no esperarán mucho en reclamar el Tigre para vender su metal al peso. Una vez que los empleados de la mencionada empresa llegaron al lugar prestos a desguazar el tanque con equipos de soldadura de corte de oxy-acetileno, la alarma se extendió entre ciertos lugareños. Después de llevarse a cabo la primera incisión en la parte frontal del chasis, un ciudadano alertó al ayuntamiento de Vimoutiers. Ello provocó que dicho consistorio ordenara paralizar la destrucción de uno de los símbolos más emblemáticos del lugar. Hedyy Florentin, gran conocedor de los combates que se produjeron durante la Segunda Guerra Mundial en Normandía, ofreció su apoyo y llamó al Ministerio de Defensa Francés para quejarse formalmente por la pérdida de tal valioso emblema de la historia reciente de la localidad. Todo ello tuvo como resultado que los representantes del municipio procedieran a llevar a cabo un desembolso extraordinario de seis mil francos para adquirir el blindado.
En mayo de 1975, la revista After the Battle publicó en la portada de su octavo número una imagen del Tiger I de Vimoutiers, detallando en páginas interiores su hallazgo y las decisiones que se habían llevado a cabo para su preservación. Dicha publicación tuvo eco entre los habitantes de la citada villa, aumentando su deseo de repararlo y colocarlo en un emplazamiento a modo de monumento en memoria a los caídos durante el verano de 1944, además de beneficiarse de la fama internacional que habían tenido las peripecias por las que había tenido que pasar dicho vehículo. El resultado fue su rescate del lecho que hacía las veces de tumba y trasladarlo a un lugar adecuado para proceder a su restauración.
Dicha tarea caerá en manos de Alain Roudeix, coleccionista militar de gran prestigio que había servido en el Maquis. Roudeix era un gran conocedor de los combates que se habían llevado a cabo en la zona y, además, había participado en el traslado y desguace de cuantioso material bélico alemán esparcido en la campiña del lugar. Los trabajos para llevar a cabo su traslado comenzaron en octubre de ese mismo año. La torreta fue desmontada para reducir el peso a remolcar. Posteriormente, dos excavadoras dotadas de ruedas y nó de cadenas (ello evitaba que dichas máquinas dañaran el asfalto de la carretera) se colocarán a su lado para tirar de él. El chasis del Tigre fue desplazándose poco a poco hasta posicionarse en la vía, justo encima de una plancha plana sobre la que fue depositado.
Lo que no resulta claro es si el vehículo fue deslizado a otro lugar sobre la plancha en la que se asentaba, hecho que damos como cierto porque no iba a quedarse en medio de la Route Nationale 179 obstaculizando el tráfico. El trabajo de recomposición comenzó mediante la colocación de la torreta en su lugar correspondiente. Debido a que ciertas compuertas habían desparecido, se colocaron piezas del mismo tamaño, siendo posteriormente soldadas al igual que las trampillas que aún seguían intactas. También se soldó una plancha en la trampilla del motor que voló por los aires cuando la tripulación colocó explosivos para inutilizarlo y no pudiera ser usado por los Aliados.
Desgraciadamente, hubo, a nuestro entender, dos lamentables negligencias durante su reconstrucción. La primera de ellas, que ya ha sido comentada previamente, fue la irreparable pérdida de los guardabarros laterales. Por lo que podemos observar en las imágenes de su rescate, había al menos tres en su costado derecho y uno en el izquierdo. Ignoramos la razón por la que desestimaron su reparación. Es más, son planchas que se pueden reproducir con suma facilidad si el motivo era que estaban en mal estado. Por el contrario, los guardabarros delanteros no estaban durante el proceso de extracción del carro del terraplén, aunque no sabemos si los traseros permanecían en su lugar o nó. Otra desdichada actuación fue quitar el Zimmerit del blindaje. Dicho cemento protegía el metal y, por tanto, sólo hubiera sido necesario limpiar o desbastar las secciones de blindaje que se encontraba al descubierto. Arañar ligeramente el Zimmerit o aplicarle una solución de agua jabonosa hubiera bastado para conservarlo. Por desgracia, los conocimientos que ahora tenemos de los blindados y de la mejora en el cuidado y conservación del metal y del cemento eran desconocidos veinte años atrás. Además, no es justo desmerecer el trabajo de unos pocos que han conseguido recuperar un carro tan emblemático como éste. No obstante, es necesario comunicar tales hechos.
Tras reconstruir el blindaje que faltaba, éste fue limpiado antes de recibir una capa inicial de pintura color arena. Como el señor Roudeix poseía varios trozos del vehículo en los que aún se apreciaba su camuflaje original, éste intentó reproducirlo de la manera más fidedigna posible. Lamentablemente, ahora sabemos que los volúmenes, el grosor y las formas de las manchas dibujadas en el Tigre no fueron las más acertadas.
Una vez reconstruido, se buscó un emplazamiento digno para la “bestia”. Se decidió colocarlo a las afueras del pueblo sobre una base de cemento y una placa conmemorativa de unos dos metros de altura que recuerda la proeza descrita arriba. Aunque existen datos contradictorios, parece ser que su inauguración se celebró en 1983. Veintiséis años después, las fotos muestran que el paso del tiempo ha dejado su huella en este Tiger I Ausf E “Letzte Modell”. Debido a la oxidación, al deterioro y a la actuación de ciertos vándalos, parece como si éste acabara de ser transportado a la retaguardia para someterlo a una revisión completa tras haber permanecido varios meses en el frente.
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